Dentro de 10 años...

Dentro de 10 años…

Un pequeño relato sobre el futuro cercano.

Luis se ha despertado a las 6:30h de la mañana con el sonido del despertador. Este se ha apagado en el mismo momento en que la pulsera con la que ha monitorizado su sueño, ha detectado que se ha incorporado y una voz le ha informado de que su sueño ha sido plácido y sin incidencias de interés.

La pequeña IA que controla la casa se ha encargado de levantar persianas y hacer que la cafetera prepare una taza de café, mientras Luis se da una ducha escuchando un breve resumen de las noticias más importantes de primera hora del día.

Cuando ha bajado al garaje, el coche ha detectado su presencia y ha regulado la altura del asiento y la temperatura del interior, para ajustarlo a las preferencias de Luis. La carga se ha completado durante la noche, y algunos sistemas, como el navegador, se han actualizado con nuevas versiones que el fabricante ha puesto a disposición, a través de Internet.

Mientras arrancaba y hacía sus chequeos, el coche ha seleccionado la ruta más rápida al trabajo de Luis, que ha decidido hoy que sea el propio vehículo el que conduzca de forma autónoma, mientras el atiende un par de mensajes.

Cuando llega a su trabajo, el dispositivo de fichado le reconoce y le saluda por su nombre: “Buenos días Luis, que tengas un gran día”. Luis no responde, pero recuerda sonriendo que los primeros días todavía contestaba un “Muchas gracias”, ante el sensor.

Su despacho está ya climatizado a una temperatura que le permite estar activo, ni demasiado frio ni demasiado calor. En la pantalla de su escritorio, aparece el texto del último mensaje que estaba redactando en el coche, para que lo termine y lo pueda enviar.

Y así empieza su jornada de trabajo…

Aunque pueda parecer cosa de ciencia-ficción, estoy seguro que nos encontramos como máximo a 10 años de este escenario.

La interconexión entre sistemas, el llamado Internet de las Cosas, está en una etapa temprana, pero aún así, todo lo que hemos leído en los párrafos anteriores está en las últimas fases de la etapa de desarrollo, cuando no directamente en producción. Coches autónomos, cafeteras conectadas a Internet, pulseras de monitorización personal, etc. Todos estos dispositivos tienen un nexo más o menos común y es su posibilidad de poder poder controlar todas o la mayoría de sus funciones a través de un teléfono móvil.

Imagino que dentro de unos pocos años, empezaremos a ver dispositivos que sustituyan a estos teléfonos inteligentes mediante el uso de pulseras, brazaletes, con asistentes de voz que puedan sustituir a las interfaces táctiles. Con lo cual, esa interconexión de la que antes hablaba se hará todavía más intensa.

Pero si duda el problema de esta interconexión no será puramente técnico, sino del control que de la información de los usuarios harán los proveedores de estos servicios. Nos encontraremos pues en un mundo dividido en dos tipos de personas: los que acceden a todos los servicios, a cambio de su privacidad y los parias de la información, que no tendrán acceso a esta información, pero que controlarán sus datos personales.

Quizás entonces cambiemos la distinción entre ricos y pobres por la de conectados y desconectados.

Photo credit: pestoverde via Foter.com / CC BY

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