Los huevos fritos de tu abuela y el Big Data

Imagina la escena: entras con tus amigos a un restaurante, te sientas en la mesa que tenias reservada y pedís la carta. De entre toda la oferta disponible seleccionas un par de platos, una bebida y un postre. Tus acompañantes eligen también su menú y os disponéis a pasar una agradable velada.

Al rato aparece el camarero con los primeros platos, reparte y comenzáis la cena. Un poco antes de terminar el primer plato, el camarero os deja sobre la mesa unos pequeños platos con muestras de otras ofertas de la carta, como cortesía de la casa, para que los probéis. Agradecidos, los probáis y seguís comiendo vuestro primer plato. Llega el segundo plato y al poco rato el camarero aparece de nuevo con otra bandeja llena de platos que otros usuarios han pedido, para que también tengáis la ocasión de probarlos.

Con las bebidas pasa lo mismo, además de la que se ha pedido al principio de la cena, el restaurante va dejando sobre la mesa botellas y más botellas de entre su oferta para que las podáis beber

Cuando llega la hora del postre, la escena se repite. Sobre la mesa aparece vuestra selección inicial, la selección de postres que el restaurante cree que os gustará, una selección de postes que han pedido otros clientes y un postre que no figura en la carta, pero que aparece en vuestra mesa como por arte de magia.

Sin sitio sobre la mesa y totalmente hartos de comida, el camarero os dice que la cena es gratis, pero que tenéis que responder a un cuestionario indicando que os ha gustado más de todo lo que habéis comido.

Unos folletos aparecen sobre la mesa, donde se os pide que valoréis del 0 al 10 los platos probados. Hartos de comida, intentáis recordar todos los platos probados pero entre la saturación de la oferta y la velocidad con que los platos llegaban a la mesa, os resulta difícil ser objetivos, así que el cuestionario se rellena casi al azar.

Cuando os levantáis, podéis observar como las otras mesas del restaurante se empiezan a llenar y los clientes empiezan a recibir platos y más platos.

¿A que parece increíble? Pues es solamente una alegoría de lo que le sucede a un usuario con la información en Internet y en cualquiera de las redes sociales existentes.

Estamos sometidos a tal avalancha de información que nos resulta prácticamente imposible digerir todo lo que nos llega.

Las webs nos proponen mensajes publicitarios en función de nuestra actividad reciente por Internet (este mismo blog no es una excepción); en las redes sociales leemos lo que nos interesan, lo que les interesa a nuestros amigos y lo que la propia red social cree que nos interesa.

Recibimos constantemente correos electrónicos con publicidad y otras informaciones, fruto de nuestra navegación y alta en diferentes servicios de noticias. Incluso llega un momento que somos incapaces de identificar cual es el origen de lo que recibimos.

En la mayoría de los casos, la información que recibimos pasa de largo y pasados unos minutos o segundos incluso, somos incapaces de recordar que hemos leído o visto. Por eso las empresas se afanan cada vez en poder capturar en tiempo real nuestras sensaciones ante lo experimentado. Nos llegan cada vez más mensajes apelando a nuestros sentimientos, pero que en realidad solo buscan guiar nuestro comportamiento: “COMPRA YA”, “INSCRIBETE AQUÍ”, ”HAZ TUS SUEÑOS REALIDAD”, etc.

Con la velocidad a la que consumimos la información, es del todo imposible poder asimilar toda la que recibimos. Por ello, las empresas optan por capturar todo el volumen posible de información que podamos darles para poder extraer resultados de nuestras costumbres de compra, navegación, intereses, etc. Aunque el comensal de nuestro ejemplo no sea capaz de dar su opinión de forma objetiva, el propio volumen de respuestas será suficientemente interesante para poder obtener resultados.

Esta información, tanto la recibida como la emitida es la que desde hace unos años recibe el nombre de Big Data. Y supone un reto vital para la empresas.

Aunque no hay muchos límites a la información que somos capaces de obtener de un usuario (salvo los puramente legales), hay que tener cuidado con la saturación de esta información que emitimos o almacenamos, pues si no somos capaces de analizarla adecuadamente, de nada nos servirá.

Es lo que le pasaría a nuestro comensal si al llegar a casa, totalmente harto de comer, su abuela le preguntara: ¿te has quedado con hambre?, ¿te hago un huevo frito?.

Photo credit: juantiagues / Foter / CC BY-SA

guest
0 Comentarios
Inline Feedbacks
View all comments