Y seguimos sin aprender

Y seguimos sin aprender

Suma y sigue. Al filtrado de las cuentas de usuario de Ashley Madison hace unos meses, se le une la reciente noticia de la puesta en riesgo de las cuentas de 400 millones de usuarios de FriendFinder, otra red de contactos para adultos. A esto hay que añadirle los 500 millones de cuentas robadas de Yahoo y los más de 68 millones de cuentas de Dropbox robadas, entre otros sonoros incidentes de los últimos meses. En resumen y haciendo unas cuentas rápidas, más de 1000 millones de cuentas de usuario robadas, lo que nos llevaría a suponer que uno de cada siete habitantes de nuestro planeta, tiene una cuenta de usuario comprometida o quizás más de una.

Esto en lo que corresponde a las aplicaciones y servicios online. Si además nos paramos a pensar cuantas cuentas de usuario corporativas o en redes locales existen sin seguridad ninguna o cuantos dispositivos conectados sin el mínimo control, hace que nos planteemos una pregunta : ¿De verdad nos importa tan poco la seguridad de nuestra información?.

Dejar nuestros datos en un servicio online, se ha convertido en algo tan cotidiano que ha dejado de tener importancia y lo que no tiene importancia, no se valora. Pero no hemos de dejar de tener presente, que cada vez que nos conectamos a un servicio, no solamente unos de datos de usuario y contraseña se transmiten, sino que una parte importante de nuestra vida privada se pone al descubierto.

Modos de vida, aficiones, trabajos, gustos, identidad sexual, datos de salud, datos económicos,.. todo esto y mucho más se entrecruza en las llamadas autopistas de la información sin que sepamos muy claramente quién tiene acceso a esta información ni que se hace con ella.

Sin embargo y pese a este aparente (cuando no real) descontrol, seguimos operando online sin pensar en criterios de seguridad. No hace falta ser un especialista en seguridad para tener un método para cambiar unas contraseñas cada cierto tiempo, ni para hacer unas breves averiguaciones a la hora de validar o no la seguridad de una conexión.

Unas prácticas que se pueden poner en marcha ya mismo, para aumentar la seguridad de nuestras conexiones serían las siguientes:

  • Crear contraseñas seguras. Dejar de lado “12345” o “password” y crear contraseñas más robustas. Una forma sencilla sería la de usar frase completas, cortas y fáciles de recordar. Mucho más simple de recordar es “MiGatoTieneElPeloFFFFFF” que no “AserBV49@”.

  • Cambiar la contraseña cada cierto tiempo y no usar la misma para todos los servicios. Podemos intentar cambiar las contraseñas con el cambio de estación como guía, para evitar olvidarnos.

  • Asegurarnos de que las conexiones sean seguras. Es sencillo ver si la barra de direcciones de los diferentes navegadores muestran el indicativo de que la conexió se realiza bajo algún tipo de cifrado.

  • Sospechar de todos los correos que recibamos donde se nos soliciten datos personales con la excusa de un cambio de credenciales u otras. No está de más pasar el cursor del ratón por sobre los enlaces que aparezcan en el texto del correo o el formulario que adjunte para validar que la comunicación nos lleva a la web oficial o si esta tiene un formato extraños.

Estos simples consejos, son muy eficaces a la hora de asegurar mínimamente la seguridad de nuestros datos, aunque ni mucho han de ser las únicas medidas de seguridad que se utilicen. Se trata simplemente de poner una dificultad más a los que quieran apropiarse de nuestra información.

Photo credit: Don Hankinsvia Foter.com / CC BY

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